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Un extraordinario libro revindica la figura de un creador de figuras: Ray Harryhausen abril 4, 2011

Posted by José Manuel Serrano Cueto in Fantasía, Libros.
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Desde luego Calamar se ha convertido por derecho propio en la editorial de libros de cine más cuidadosa con sus ediciones de las que hasta ahora hayan existido en España, al menos de las que abarcan el cine fantástico. Viene demostrándolo desde hace tiempo con libros como La espada mágica o Terror Cinema, y, aunque en algunos casos -no los señalados-, la edición esté por encima del texto, sus libros son de obligada compra para cualquier cinéfilo que desee deleitarse con unas páginas llenas de atractivo. Son ediciones de lujo, como lo es la del libro Ray Harryhausen. El mago del stop-motion, que acaba de salir a la venta en tapa dura para solaz de los cientos de seguidores de este maestro de los efectos especiales. Un libro dedicado a Harryhausen tenía que estar a su altura: al creador de los esqueletos, la hidra o las arpías de Jasón y los argonautas no podía homenajeársele con un ensayo que no fuese visualmente atractivo. Calamar lo ha conseguido con más 280 páginas profusamente ilustradas con fotografías a color y en blanco y negro. La imaginería de Harryhausen hecha papel con sumo cuidado, el mismo que también ha puesto el autor del texto, Carlos Díaz Maroto, que hace un concienzudo repaso por toda la filmografía del americano, ofreciendo una detallada información de los procesos de preproducción, rodaje y postproducción de las películas, así como deteniéndose en algunas jugosas anécdotas sin olvidarse de transcribir las opiniones de los propios artífices de las películas, ya sea el propio Harryhausen o ya sean los actores. Aunque se eche en falta algo más de implicación personal, de sentido crítico en Díaz Maroto -que hay, no obstante- su texto hace justicia al trabajo de diseño y maquetación (obra de Miguel San José Romano) aunque solo sea por la ingente cantidad de datos que se ofrece, conformando una obra que ilumina con interés y pasión un mundo, el de la técnica fantástica, relegada a veces a especialistas en la materia, con lo que de aburrido tiene esto en ocasiones. Viene pues Ray Harryhausen. El mago de la stop-motion a paliar la carencia bibliográfica de su obra en España.

El libro está dividido en doce capítulos: el primero de ellos acierta al centrar su atención en quienes precedieron a Harryhausen, especialmente Willis O’Brien, creador, por ejemplo, de los dinosaurios de la silente El mundo perdido. Luego, tras hablar de sus inicios, Díaz Maroto dedica un capítulo a cada una de las películas en las que ha trabajado Harryhausen: del Gran gorila a Furia de titanes pasando por El monstruo de los tiempos remotos, Los viajes de Gulliver, La isla misteriosa o El viaje fantástico de Simbad. Sobre esta última dice Maroto: “La película es un mito, gracias al suculento guión de Clemens, a los inventivos paisajes por los que transita la historia (espléndidos los exteriores de Lemuria, con esas esculturas incrustadas en las rocas), a los referidos aportes de Harryhausen, así como a un reparto bastante animado”, pág. 190. Hacia el final del libro, en el apartado dedicado a Furia de titanes, Maroto no se olvida de hacer una comparación con su reciente “remake”, entresacando semejanzas y sobre todo diferencias, y aunque no cae en la reivindicación nostálgica, tampoco duda en ser, ahora sí, tajante en su valoración crítica: “(…) es una obra plúmbea y carente de intensidad, muy superficial en lo que respecta a los personajes, pese a sus pretensiones, con un tono más cercano al cine de superhéroes que al mitológico, y con un reparto solvente sobre el papel pero apático en la pantalla, típico ejemplo de film palomitero actual sin emoción, intensidad ni, mucho menos, magia”, pág. 226.

Ray Harryhausen. El mago del stop-motion se cierra con lo que pudo haber sido y no fue -esto es los proyectos no rodados por el maestro- y con un recorrido por los cómics dedicados a sus películas. En definitiva, este profuso trabajo demuestra que Ray Harryhausen trascendió como creador a las propias películas, haciendo que su firma fuera -y sea- más alabada que las de sus propios directores. ¿Quién se acuerda, incluso dentro del círculo de los amantes del fantástico,  de Don Chaffey o de Gordon Hessler? Pero seguro que todos nos acordamos de Harryhausen. Y ahora tenemos otro motivo para recordarlo.

Texto: José Manuel Serrano Cueto.

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