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‘Jesús Franco’, de Carlos Aguilar mayo 25, 2011

Posted by José Manuel Serrano Cueto in Actualidad, Cine español, Críticas, Friki Films, Libros, Terror.
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He tardado algún tiempo en dedicar un post al libro Jesús Franco, de Carlos Aguilar. No ha sido por vaguería intelectual, sino porque el trabajo merecía degustarse y yo sabía que, forzosamente, acabaría creando poso en mí que conozco personalmente tanto al autor como al cineasta analizado. Nunca me he considerado, y así lo digo incluso en el libro que recientemente publiqué en Italia, un fan desaforado de Jesús Franco. Nunca he militado en las brigadas franquistas, atacando a todo aquel que le pitara penalti o vuvuzeleando cuando marcara gol. No. Más bien he sentido una enorme curiosidad por su persona y un respeto, eso sí, por sus trabajos primigenios. Por eso el enfoque de Carlos Aguilar, el posicionamiento con el que aborda la obra de Jesús Franco, al que él en cierta época admiró y quiso, me parece la más próxima a mí forma de entender el fenómeno del llamado “tío”. Porque Carlos Aguilar estuvo al lado de Jesús durante algún tiempo, como espectador primero, luego como amigo y hasta colaborador (actor incluso), y ahí, en ese distanciamiento/acercamiento/distanciamiento al cineasta se ha fraguado, pese a quien pese, una opinión férrea, auténtica, más objetiva de lo que pudiera creerse en principio. Nadie como Aguilar, pues, que ha sabido mirar en la gloria y el abismo de Franco, para contarnos con pluma de cronista cinematográfico, social y hasta político los dimes y diretes de un hombre/director único en su especie, una “rara avis” que al final ha resultado tener más de “rara” que de “avis”.

Jesús Franco, el estudio que para la colección Signo e Imagen/Cineastas de Cátedra ha realizado Carlos Aguilar, nombre esencial en la historiografía cinematográfica española, no solo es un ensayo sobre Jesús Franco, sino también una especie de poema cinéfilo-sentimental (¿es esto una redundancia?) a una época y una forma de entender el cine de género que el autor ama por encima de muchas otras. Se le podría achacar a Carlos Aguilar su excesiva nostalgia, ya que a medida que avanza el libro, a medida que avanza la obra de Jesús, más defectos suele encontrarle el analista. Pudiera haber algo de esto, quizás rezumando entre líneas, porque algo de esa añoranza tiene siempre Carlos, pero en este caso se corresponde con una, de nuevo, realidad casi objetiva (sí, permítaseme emplear “objetiva” respecto al arte -o su supuesto- de Jess): el cine/vídeo de Jesús Franco va perdiendo fuelle con los años, como si la madurez del autor no existiese, dejando paso a una regresión, quizás infantilización, seguramente equivocación en las ideas (y las formas). Leyendo, y releyendo Jesús Franco, intento no estar de acuerdo con Carlos Aguilar, me esfuerzo por hallar algún punto discordante, pero a la postre, siempre, me acaba llevando a su terreno porque tiene razones, más que importantes, convincentes (aún cuando se limita a casi ningunear algún título dedicándole una o dos frases incisivas).

Si alguien cree que Carlos Aguilar le pierde el respeto a Jesús Franco es que no ha entendido bien el libro. La rabia que a veces surge de la pluma del autor no se corresponde con un arrebato de sadismo digno, sin ir más lejos, del propio Franco, sino a una pataleta cinéfila: “¿por qué diantres, Jesús, no seguiste por el camino en el que comenzaste y que yo tanto disfrutaba?”, es posible entreleerse. Creo, aún con todo el conocimiento hasta psicoanalítico que Aguilar arroje en su texto, que Jesús Franco tiene una personalidad tan arrolladora (quizás tan superflua que parezca precisamente lo contrario) que no hay manera de calarle del todo. ¿Por qué, Jesús, por qué haces lo que haces? Y lo más sorprendente de todo, fascinante, es que, haga lo que haga, siempre tiene con él una cohorte de admiradores. Su última película, Paula-Paula, así lo demuestra. Todo un fenómeno del cine, Jesús, desmigado, y hasta descuartizado, por la mirada siempre especial de, no lo olvidemos, uno de sus seguidores (en tiempos mejores, eso sí).

Texto: José Manuel Serrano Cueto.

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Entrevista a Carlos Aguilar: “En mi libro habrá cosas que a Jesús le gusten mucho, otras poco y otras le irritarán” febrero 20, 2011

Posted by José Manuel Serrano Cueto in Cine español, Entrevistas, Libros.
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Recuperemos hoy la entrevista que hice a Carlos Aguilar en Pasionporelcine.es  , pero, para darle actualidad, la vamos a completar con unas preguntas sobre su último libro, Jesús Franco (Madrid, Cátedra, 2011), volumen indispensable, por su necesaria objetividad, para todos los amantes de Jess, sí, para todos. No está de más intentar valorar las cosas con cierto raciocinio.


En las bibliotecas de cientos de cinéfilos suele haber un libro gordo que para muchos se ha convertido en una especie de Biblia del cine. Puede que tengan una edición antigua, de esas azules, y en la que el “vídeo” ocupe parte de su título, o puede que sea en tapa dura, con fotograma de Cinema paradiso en la cubierta y ya sin “vídeo”. Hablo, claro, de La guía del video-cine y su transmutación actual, la Guía del cine (Cátedra, última edición de 2010). Con miles de páginas y miles de datos, este diccionario, de verbo rápido y reflexión certera, sintetiza películas de cinematografías de todo el mundo, especialmente españolas (en él, dice quien lo ha parido, cabe todo el cine español).
Carlos Aguilar (Madrid, 1958) es su prestigioso autor. Crítico, historiador, escritor -incluso de novelas-, Aguilar se ha forjado su reputación dentro y fuera de nuestras fronteras. En Italia, por ejemplo, se le tiene estima y admiración. Allí ha publicado los libros Jess Franco! El sexo del horror (Glittering Images, 1999), FantaEspaña (Lindau, 2002) o Japanese Ero Gro & Pinku Eiga -junto a su hermano Daniel- (Glittering Images, 2005).


¿Quién es Jesús Franco para Carlos Aguilar?

Un cineasta singular e incomparable, no sólo dentro del cine español sino a escala mundial, y un hombre que me influyó mucho y en diversos aspectos durante unos años especiales de mi vida.

¿Ha cambiado tu opinión sobre Jesús con el tiempo?

Se ha matizado en diferentes direcciones y sentidos, lógicamente. Lo contrario sería antinatural, significaría que yo no he aprendido ni cambiado nada en treinta años, y eso sería patético.

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