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Esos tipos raros que hacen cine… “300 directores malditos” septiembre 19, 2011

Posted by José Manuel Serrano Cueto in Actualidad, Libros.
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A Augusto M. Torres le placen los libros de la A a la Z y las recopilaciones matemáticas. Solo hace falta echar un vistazo a su bibliografía para comprobarlo: Diccionario de directores de cine, Enciclopedia Espasa del cine, El cine italiano en 100 películas, El cine norteamericano en 120 películas, 100 años de cine : 100 películas : 100 directores : 100 actrices : 100 actores… También ha hecho gala de cierto gusto por los cineastas menos populares, como se comprueba de los volúmenes Cineastas insólitos o en este 300 directores malditos (Madrid, Cátedra, 2011) del que hablamos ahora. A modo, cómo no, de diccionario, Torres recopila los que para él son 300 directores importantes, por uno u otro motivo, y que sin embargo no han gozado del prestigio de otros más afamados. Una ficha bio-filmográfica y el listado de sus películas conforman cada una de las entradas, dedicadas a gente tan dispar como René Allio, Benjamin Christensen, Tommy Lee Jones, Pàl Gàbor, Joaquim Jordá, Jean Cocteau, Alan Bridges, Michele Placido, Sergei Bodrov, Steve Kloves, Hirozaku Kore-Eda, Joseph H. Lewis, Aleksander Ford, Bruno Nuytten, Leos Carax, Peter Fleischman, Terence Davies, Tom Ford, Monte Hellman, Byron Haskin, Ed Harris…

Entre los directores de Torres hay poetas, modistos, actores, técnicos, etc., gente que, en definitiva, se ha acercado al cine como una opción secundaria dentro de sus periplos profesionales, pero también hay directores de largo recorrido y poco reconocimiento.

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‘Fernando Fernán-Gómez’, libro de la colección Cineastas de Cátedra abril 19, 2011

Posted by José Manuel Serrano Cueto in Cine español, Libros.
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Dice José Luis de Castro en su estudio sobre la obra de Fernando Fernán-Gómez, publicado en la colección Signo e Imagen/Cineastas de Cátedra, que “casi a diferencia de cualquier otro cineasta en la historia de nuestro cine, Fernando Fernán-Gómez vivió en sus propias carnes la repercusión directa (o incluso formó parte) de prácticamente todos los ingredientes que habrían de dar a cierro cine español de los años cincuenta y sesenta –quizás, y a la postre, el más arriesgado y vigoroso formal y semánticamente, el más lúcido y violento– su particularísima textura, su extremada, popular y virulenta crispación esperpéntica, de raíz sainetesca, que ejemplifican a la perfección películas tan extraordinarias como “esquinadas” por el Régimen como El mundo sigue (1963) o El extraño viaje (1964) (…)”, pág. 16-17.

Más de tres años después de su muerte, Fernán-Gómez es analizado por el profesor Castro de Paz en Fernando Fernán-Gómez, el volumen editado por Cátedra, justo trabajo para quien fue –y sigue siendo– uno  de los cineastas españoles más importantes, aunque veces no del todo reconocido, quizás por una dilatada experiencia actoral cuya popularidad ensombreció un ápice su obra como director. Partiendo de la idiosincrasia española, a veces incluso de sus tópicos más castizos, Fernán-Gómez elaboró una obra que sobrepasó el costumbrismo superficial de buena parte del cine español de su época (sus mejores películas se encuadran en los 50 y 60) sin renegar de él; incluso más bien sirviéndose de él. No en vano sus fuentes literarias fueron Wenceslao Fernández Flores, Miguel Mihura, Pedro Muñoz Seca o Alfonso Paso, si bien se da en todos ellos una constante: el humor, casi siempre humor de la deformación, lo grotesco, lo esperpéntico en definitiva. Se trata de mirar a la realidad para estirarla, exagerarla, afearla sin traicionar en ningún momento la esencia: la vida que refleja Fernán-Gómez tiene su réplica en una España gris, contradictoria, mísera e ignorante. El sainete archinesco fue un punto de partida, especialmente sus personajes, para una progresiva deconstrucción de los prototipos, construyendo “personas” cada vez más complejas, enraizadas de lleno con la sociedad española. Respecto a esa exageración de su cine, recordada es aquella secuencia de El viaje a ninguna parte en la que él mismo, dando vida a un cómico de la legua, es contratado para realizar un pequeño papel en una película: su exagerado “señoriiiiiito”refleja clarísimamente la diferencia interpretativa en la escena y el cine, y, por ende, la dificultad de muchos actores de la época para adaptarse al nuevo medio.

José Luis de Castro profundiza en la obra de Fernán-Gómez, deteniéndose, como suele ser habitual en la colección, en cada uno de los títulos de su filmografía, extirpando el entramado de referencias y creaciones propias que el actor-director frecuentó, detallando los recursos, metáforas, plasmando, en definitiva, la idea que él tiene de un artista poliédrico (actor de teatro y cine, director de teatro y cine, escritor de teatro y novelas…) al que debemos varias de las joyas de nuestro cine.

Texto: José Manuel Serrano Cueto.

‘Robert Aldrich’ en la colección Cineastas de Cátedra abril 16, 2011

Posted by José Manuel Serrano Cueto in Cine estadounidense, Clásico, Libros.
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La historia del cine cuenta con no pocos directores menospreciados de forma absolutamente injusta. Uno de ellos es Robert Aldrich. Ahora la colección Signo e Imagen / Cineastas, de Cátedra, dedica uno de sus imprescindibles volúmenes al artífice de Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967). Jaime Iglesias Gamboa firma un trabajo reivindicativo de laa personalidad de Aldrich, quien, como otros directores americanos (léase Preminger o Fleisher) no fue incluido en la etiqueta de “autor” impuesta por Cahiers du Cinéma: “La arrolladora personalidad de Robert Aldrich, siempre visceral a la hora de articular su discurso cinematográfico, insobornable en sus planteamientos, nada complaciente en sus realizaciones, ha procurado una creciente e interesada confusión en el análisis que se ha venido haciendo de sus películas, pocas veces de manera global y frecuentemente de modo puntual, estableciendo alrededor de su obra una interesada división entre sus primeros trabajos, alimentados por el vigor combativo e ideológico de un realizador emergente formado a la sombra de los grandes cineastas víctimas del “maccarthismo” y sus éxitos de taquilla logrados en los años 60 cuando lograr un “hit” comercial equivalía a ojos del puritanismo cinéfilo a haber claudicado ante el gran circo en el que se había ido convirtiendo Hollywood”, pág. 13. Apenas existen análisis de la obra de Aldrich, así que el texto de Iglesias Gamboa adquiere por esto un acrecentado interés. Pero no solo es una virtud su carácter excepcional, sino también la intención del autor de desmontar las reflexiones críticas que se han venido vertiendo hasta ahora sobre las películas de Robert Aldrich, a menudo enfocadas a subrayar un “corpus” ideológico unidireccional. Sin embargo, Gamboa tiene otra opinión al respecto: “La incorrección política en la obra cinematográfica de Robert Aldrich tiene, pues, que ver con el rechazo a adoptar puntos de vista que faciliten la asimilación del relato en una única dirección”, pág, 14.

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